jueves, 29 de diciembre de 2016

Mente cautiva, sociedad controlada, o no



En un blog personal se puede escribir cualquier cosa y puede tener diferentes motivaciones.
Cuando inicié este blog, hace ya unos años, mi mayor motivación era la lectura comprensiva y crítica de alguien, quien fuera.
Tras una temporada de descanso del blog y de las redes sociales, he vuelto con motivaciones diferentes. La más importante es el uso del blog para poner en orden y plasmar mis ideas fuera de mi mente. Que alguien lo lea es secundario. Obviamentre me seguirá interesando cualquier visión crítica sobre mis ideas y argumentos. Pero no es lo principal.
Por el mismo motivo, no me basta con plasmar lo primero que cruza mi cabeza, para eso está Facebook y Twitter.
Me interesa más intentar desarrollar de la manera más profunda esa "idea vector" de algo más grande.
Algo que se va desarrollando a medida que intento razonar lo más objetivamente posible el tema (si bien la objetividad pura no existe .
Por todo lo anterior, de poco interés sería contar que hoy le he dejado dinero a alguién importante para una buena amiga. La cantidad no importa, sí importa decir que estoy sin trabajo por motivos médicos desde hace mucho tiempo y con un futuro laboral incierto. De hecho hace poco tuve que cancelar mis aportaciones mensuales a tres ONGs, con mucho pesar.
El tema es que lo primero que pensé al valorar si dejaba este dinero o no, fue que me podía faltar en un futuro para comer. Esto se resolvió con una sencillez increíble; por ahora no nos falta para comer y tenemos un techo, y el futuro no es más que eso, futuro.
Esto me lleva a mi primera reflexión. No se puede negar lo mínimo a alguien que está peor que tú, sólo debido a un futuro personal incierto. En ese futuro podemos ser nosotros los que necesitemos una ayuda. Y mientras tanto estaríamos hipotecando nuestra ética y humanidad.
En todo caso, negar la ayuda a alguien en base a una situación personal incierta, es decir por auténtico miedo a llegar a la situación de necesidad, es hasta cierto punto comprensible, y no seré yo el que emita ningún juicio al respeccto.
Otro cantar es el caso de esa buena franja de clase media bien asentada y que han conseguido atravesar y salir de la crisis con un trabajo seguro y bien remunerado.
No se trata de criticar de por sí este resultado, nadie niega el trabajo duro de esas familias.
No obstante, creo necesario aclarar la idea y desmontar el mito, de que con trabajo duro todo se consigue. Eso es simplemente una falacia. Hay muchísimas personas que han trabajado duro toda su vida y siguen haciéndolo, más de ocho horas diarias por un sueldo apenas igual al Salario Mínimo Interprofesional (SMI), el cual apenas basta para sobrevivir dignamente. Quiero recordar que dicho SMI en España está entre los más bajos de la UE, si excluímos países como Rumanía o Bulgaria, donde el nivel de vida (y sus precios) son demasiado bajos como para compararnos con ellos.
Nuestros dirigentes han llegado a sacar pecho, incluso durante la crisis, de ser uno de los motores de Europa, pero no hablan de que los otros motores de la EU pagan a sus trabajadores con un SMI que fácilmente duplica o triplica el nuestro. Y eso que hablo del SMI y no del salario medio.
Hecho este recordatorio, simplemente añadir y reiterar que el trabajo duro no siempre es sinónimo de un salario y por ende, una vida digna.
La razón de esta diferencia de salarios y de vida entre unos y otros va más allá de esta entrada, pero baste decir que se trata mayormente de una diferencia en educación (básica versus secundaria y/o universitaria) que conlleva mayores o menores oportunidades de un puesto de trabajo cualificado que suele ser mejor remunerado y más estable.
Sin embargo lo que más me interesa es encotrar una razón objetiva que explique el egoísmo o falta de interés de la población que vivía bien antes de la crisis del 2008, que la ha bordeado sin dificultades, y que incluso en algunos casos ha salido hasta fortalecida de tal crisis.
Tampoco es mi intención hacer un juicio de este grupo de gente, a parte de ser algo obviamente subjetivo, sería como gritar contra el viento, totalmente inútil.
Sin embargo, llegar a la esencia de las cosas, encontrar los motivos de ciertas acciones o inacciones, tiene mucho más interes. Aquí quizás se pueda notar, lo que soy y estudié, y por tanto mi gusto por el método científico. No tengo especímenes o materiales para experimentar, pero sí puedo escribir sobre conclusiones probadas, argumentos basados en evidencias (que pueden ser incorrectas pero no subjetivas).
Y aquí llego a la idea a desarrollar, título de la entrada, la mente cautiva.
La imagen al comienzo de la entrada es todo un compendio de lo que le puede estar pasando a esta sociedad que posibilite la convivencia de dos mundos tan distantes en el imaginario de la gente como íntimamente ligados.
Aunque dicha imagen no es más que eso, un resumen, una instantánea que olvida ciertos puntos muy importantes.
La imagen nos describe de arriba a abajo, una élite que controla la sociedad, protegida por las fuerzas de seguridad y usando una manipulación de las clases medias por medio de una mezcla del sistema represivo, descrito por George Orwell, y un sitema propagandístico y de exceso de información y entretenimiento, descrito por Aldous Huxley. Después están los muros, alambradas y ejércitos que los separan de las clases más deprivadas, más aún que las clases bajas del país, los inmigrantes, los refugiados.
Aclarando que las clases bajas también se ven afectadas por los medios de manipulación de las élites, primero, estas clases bajas no entran en mi análisis; segundo, las personas empobrecidas, tengan o no trabajo, hacen un uso casi constante de sus mentes intentando simplemente sobrevivir, ya sea trabajando en trabajos indignos, ya sea buscando un trabajo o una ayuda del Estado.
No hace demasiado leí una artículo sobre un experimento que concluia que las personas pobres o en riesgo de pobreza usaban un gran "ancho de banda" de sus conexiones neuronales y buena parte de su inteligencia emocional buscándose la vida. Esto podía equivaler a un trauma cerebral importante, lo cual disminuia su capacidad cerebral global y por tanto sus posibilidades de mejorar su situación laboral y vital.
Recordemos que esa franja de clase media, con variaciones sustanciales en su ingresos anuales, es fundamental a la hora de elegir gobiernos conservadores (pues no quieren que nada cambie) que son los que a su vez favorezcan a las élites (grandes corporaciones) que son al fin y al cabo las que les dan de comer (mucho más de lo que podrían ganar con sus sueldos de funcionarios públicos).
Y aquí tenemos el círculo completo.
Oh perdón nos falta explicar la razón por la cual la masa de clase baja y la clase intelectual no ha revolucionado el sistema, o por lo menos, evolucionado.
La clase baja, empobrecida, como ya he comentado antes, ocupa la mayoría de su tiempo en trabajar o en encontrar un trabajo o cualquier medio de subsistencia. Pero esto no es casual, el empobrecimiento de las masas ha sido tradicionalmente y sigue siéndolo el método más barato y eficiente de control de una buena parte de la población. Sólo hay que comprobar cómo ha aumentado la proporción de familias en riesgo de exclusión social desde la puesta en marcha de la última Reforma Laboral del Gobierno actual, la cual ha propiciado le reducción vergonzosa de los salarios (no los salarios de los directivos o los políticos) y la pérdida completa de puestos de trabajo, o parcial (reducción de horas y temporalidad).
De todo lo anterior se infiere que la población empobrecida no esté por la labor de implicarse en política, ni siquiera de manifestarse por sus derechos sustraídos. Además para más inri, necesitan un medio de evasión inmediato y que no estruje sus ya sobre estresadas neuronas, Tele5 et al.
En el caso de los intelectuales, hay básicamente dos subgrupos, quizás tres.
El primero es el más obvio, el que forma parte de la clase media y sólo ha querido aplicar sus conocimientos superiores a la hora de conseguirse el mejor trabajo posible, para ganar dinero y consumir, completamente cautivados por el capitalismo más puro y duro. Huelga decir que una buena parte de sus estudios como filosofia, historia y parte de su carrera específica, han ido a parar al retrete.
Un segundo grupo vendría a ser el de los universitarios que se han vendido al sistema. Esto abarca desde abogados, economistas y otras profesiones que, quizás con una motivación inicial de servicio e incluso implicación social, han acabado haciendo de la Política un puesto de trabajo más. No vale la pena siquiera mencionar los casos de profesionales dirigidos exclusivamente a la Política, ni tampoco los que acaban en partidos políticos ultra conservadores e intolerantes con la diversidad social.
El tercer grupo de intelectuales, son los verdaderos intelectuales, los que hacen de su profesión, su arte, su forma de subsistir. Y digo subsistir, porque escritores, dramaturgos y poetas, artistas diversos y periodistas no son precisamente los profesionales mejor valorados de nuestra sociedad. Y muchos de ellos tienen incluso verdaderas dificultades para salir adelante. Es este grupo el que indudablemente se encuentra más cercano a los problemas sociales y económicos de la población.
De entre ellos surgen multitud de personalidades brillantes que no se dejan cautivar por el consumismo salvaje con todos sus reclamos constantes. No tienen sólo la motivación necesaria para liderar la lucha social, sino que además tienen los medios para hacerlo, libros, cuadros, obras de teatro y cine, artículos periodísticos, documentales. Carecen de los medios de comunicación, los dueños son otros, los patrones, los grandes empresarios, los bancos. Pero nadie les puede quitar su capacidad para conectar con el público de diferentes maneras. Esto está siendo favorecido, y me refiero a la independencia editorial y artística, gracias al enorme poder igualador y difusor del Internet.
Un cuarto grupo, sorpresa, es el de una buena cantidad de gente de cualquier origen y condición, con cualquier profesión y totalmente independiente de su estatus económico, son capaces de tener una vida aparentemente normal, con un trabajo, una familia, y sin embargo dedicar parte de su tiempo y energias a leer, aprender, conectar, debatir y si es posible, ayudar directamente a alguien o indirectamente mediante acciones que humilde y casi imperceptiblemente pueden desembocar en un mundo mejor, para todos.
Son estos dos últimos grupos los que realmente tienen la capacidad y la responsabilidad de liberar mentes, de transformar nuestro paradigma socioeconómico.